Por fuera funcionas.
Por dentro tienes 38 pestañas abiertas.
Trabajas, haces tu vida, cumples con lo que toca… y aun así tu cabeza sigue repasando, anticipando, analizando y exigiéndote más.
No hace falta estar destrozado para empezar terapia.
Quizá no te falta pensar más.
A veces ocurre justo lo contrario.
Le das vueltas para sentir seguridad. Analizas para no equivocarte. Anticipas para intentar tener el control. Repasas conversaciones buscando qué podrías haber hecho diferente.
Y cuanto más intentas resolverlo todo desde la cabeza, más ocupado acaba estando el cerebro.
Vamos a entender qué mantiene ese bucle y a trabajar sobre ello de una forma útil también fuera de sesión.
No necesitas identificarte con todo.
Pero quizá algunas de estas cosas te resulten demasiado familiares.
Te cuesta desconectar
Incluso cuando objetivamente no está pasando nada grave, la cabeza sigue trabajando.
Sobrepiensas decisiones
Das tantas vueltas buscando la decisión perfecta que decidir termina siendo agotador.
Te exiges demasiado
Llegas a una meta y enseguida aparece la siguiente. La sensación de “ya está bien” dura poco.
Repasas conversaciones
Lo que dijiste, lo que no dijiste y aquello que quizá la otra persona quiso decir.
Anticipas demasiado
Intentas estar preparado para todo y acabas viviendo problemas que todavía no han ocurrido.
Entiendes mucho. Cambias poco.
Sabes explicar perfectamente lo que te pasa, pero entenderlo intelectualmente no siempre basta.
Aquí no vienes solamente a desahogarte.
Desahogarse puede venir bien. Pero si después todo sigue exactamente igual, se queda corto.
Entender
Qué ocurre, cuándo aparece y qué está manteniendo el problema.
Ordenar
Separar lo importante del ruido que has acumulado alrededor.
Trabajar
Pensamientos, emociones, comportamientos y patrones repetidos.
Probar
Cambios y herramientas que tengan sentido en tu vida real.
Revisar
Qué funciona, qué no y qué tenemos que modificar.
Sin recetas universales.
Sin convertir cada emoción incómoda en un trastorno.
Y sin frases que quedarían estupendas impresas en una taza.
Soy Eduardo.
Soy psicólogo y creador de El Diván Canalla.
Trabajo desde una psicología rigurosa, cercana y directa. Me interesa que entiendas lo que te ocurre, pero sobre todo que esa comprensión sirva para cambiar algo en tu vida real.
No tienes que explicarlo perfectamente. No necesitas venir con un diagnóstico preparado. Y tampoco necesitas estar en tu peor momento para pedir ayuda.
Podemos hablar 15 minutos.
Una videollamada breve para conocernos, saber qué estás buscando y comprobar si mi forma de trabajar encaja contigo.
No es una sesión de terapia y no necesitas contarme toda tu vida en quince minutos.
Antes de darle demasiadas vueltas.
¿Tengo que saber exactamente qué me pasa?
No. Parte del trabajo consiste precisamente en ordenar lo que ocurre y decidir por dónde tiene sentido empezar.
¿Y si nunca he ido al psicólogo?
No pasa nada. En las primeras sesiones te explicaré cómo trabajo y qué podemos esperar del proceso.
¿Las sesiones tienen que ser semanales?
La frecuencia depende del caso y del momento del proceso. Podemos decidirla conjuntamente.
¿Puedo hacer terapia si no vivo en Madrid?
Las sesiones son online, dentro de los supuestos profesionales en los que pueda prestarse el servicio.
¿La llamada de 15 minutos es terapia?
No. Es únicamente una conversación breve de orientación para comprobar si tiene sentido empezar a trabajar juntos.
Elige el momento que te venga bien.
Son 15 minutos, online y sin coste. El objetivo es comprobar si tiene sentido empezar a trabajar juntos.
No hace falta tocar fondo.
A veces basta con llegar a un punto en el que piensas: